Con la intención de consolidar las prácticas orgánicas entre los beneficiarios, el calendario de talleres de abonos orgánicos y caldos biológicos se expandió en el tiempo con una frecuencia semanal, y una duración de cerca de 4 meses.

Eduardo Villarreal, presidente de la asociación AUAS y coordinador local del proyecto, es el capacitador en el área de agricultura orgánica y quien dicta los talleres de compostaje y manejo de lombrihumus.

Para acometer las prácticas agrarias con ciertas garantías, se encargaron el análisis de agua, suelo, y compost de casi la totalidad de los predios que iban a ser beneficiarios de las acciones. Para ello, se utilizó el servicio de análisis de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el cual cuenta con muy buena reputación.

El objetivo que se buscó fue la capacitación de los agricultores en la fabricación autogestionaria de abonos orgánicos, para una producción agropecuaria no contaminante, fundamentada en la repetición continuada del mismo taller, pero con diferentes materiales y condiciones físicas definidas por cada uno de los 6 predios, y con unos materiales también diferenciados, según el aporte que cada propietario podía hacer para cumplir con los requisitos establecidos por el capacitador.

Por esta razón, surgieron diversas recetas para ejecutar la elaboración de abono orgánico:

Hernando: 6 bultos de boñiga de vaca; 15 bultos de pasto kikuyo, helecho y forraje; 2 bultos de gallinaza seca; 5kg. Ceniza; 5kg. De cal dolomita y 3 litros de EM.

Luis: 10 bultos de boñiga de vaca; 25 bultos de hojarasca; 4 lonadas de tamo de fríjol; 4 lonadas de material vegetal variado; 4kg. De cal dolomita y 2kg. De ceniza.

Antonio: 3 bultos de gallinaza seca; ½ bulto de gallinaza seca; 2 bultos de caprinaza; 12 lonadas de hoja de roble; 4 lonadas de forraje; 10kg. De calfos; 4kg. De fosforita; 6kg. De ceniza; 2kg. De cal dolomita.

El taller de abono orgánico resalta la fácil y rápida descomposición de la materia orgánica ayudado por la utilización microorganismos descomponedores benéficos (EM), los cuales aceleran el proceso de fragmentación de la materia orgánica, con ayuda de factores como el oxígeno. Una vez todos los elementos han sido apilados en capas, cada una de ellas espolvoreadas con EM, se deja reposar. Las bacterias son las encargadas de transformar el contenido de la pila en humus orgánico.

La plantación de vegetales y hortalizas sobre este humus es una garantía para poder disponer de todos los elementos mayores y menores que precisan las plantas para su desarrollo y crecimiento. A su vez, el humus mejora el drenaje, la estructura y la permeabilidad del suelo, convirtiéndolo en un soporte básico para la agricultura orgánica.