octubre 2010


Idea: Claudia Ángel

Diseño: Alberto Segura

Manejo del vivero: Andrés Dávila y Absalón Alvarado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Junto con las acciones del año 2009, se creó un vivero de especies nativas. La finca de propietarios que asumió las acciones de iniciación y aporte económico mostraron su dedicación a la dificil empresa de la conservación ambiental. Con ello no sólo se buscaba la mejora en la cantidad de masa arbustiva de las riberas, sino crear una conciencia de respeto y protección de las cuencas hídricas. Por ello, desde el equipo local, se ha desarrollado un plan de acuerdo que ha sido enunciado a los beneficiarios para que puedan entender el verdadero valor de las plantas y árboles que iban a adoptar.

Entre los miembros del Equipo Local se desarrolló un programa de buenas prácticas que fructificó en el “Plan de acuerdo de un pacto ciudadano en el manejo sustentable de los paisajes para el establecimiento de una cultura del agua en el municipio de Tinjacá, Boyacá.”, con la intención de divulgar el compromiso de responsabilidad entre los beneficiarios participan.

Como documento complementario al anterior, y condición sine qua non para recibir material vegetal del vivero, se redactó un carta de compromiso en la cual se especificaban los datos personales de cada individuo, el número de árboles recibidos, el tipo de uso que se iba a llevar a cabo – protección de un nacedero, ronda de la ribera o cerca viva.

A través de visitas a terreno, observación y análisis de las potencialidades y debilidades de cada uno de los predios priorizados, se concertaron acuerdos con los propietarios para la plantación de especies nativas que puedan mejorar la permeabilidad, estructura y capacidad de absorción de agua por parte del suelo, siendo estas especies a su vez, protegidas con cercados de alambre de púas.

La acción principal se centra sobre las fincas de la propuesta seleccionada, protegiendo los 3 nacimientos de agua allí presentes con variedades nativas. Además, se concretó el apoyo a otros beneficiarios que mostraron interés en participar en las acciones de conservación de cuencas, siéndoles aportados  postes, alambre de púas y árboles. Ellos debían aportar la mano de obra y el mantenimiento.




 

Con la intención de consolidar las prácticas orgánicas entre los beneficiarios, el calendario de talleres de abonos orgánicos y caldos biológicos se expandió en el tiempo con una frecuencia semanal, y una duración de cerca de 4 meses.

Eduardo Villarreal, presidente de la asociación AUAS y coordinador local del proyecto, es el capacitador en el área de agricultura orgánica y quien dicta los talleres de compostaje y manejo de lombrihumus.

Para acometer las prácticas agrarias con ciertas garantías, se encargaron el análisis de agua, suelo, y compost de casi la totalidad de los predios que iban a ser beneficiarios de las acciones. Para ello, se utilizó el servicio de análisis de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el cual cuenta con muy buena reputación.

El objetivo que se buscó fue la capacitación de los agricultores en la fabricación autogestionaria de abonos orgánicos, para una producción agropecuaria no contaminante, fundamentada en la repetición continuada del mismo taller, pero con diferentes materiales y condiciones físicas definidas por cada uno de los 6 predios, y con unos materiales también diferenciados, según el aporte que cada propietario podía hacer para cumplir con los requisitos establecidos por el capacitador.

Por esta razón, surgieron diversas recetas para ejecutar la elaboración de abono orgánico:

Hernando: 6 bultos de boñiga de vaca; 15 bultos de pasto kikuyo, helecho y forraje; 2 bultos de gallinaza seca; 5kg. Ceniza; 5kg. De cal dolomita y 3 litros de EM.

Luis: 10 bultos de boñiga de vaca; 25 bultos de hojarasca; 4 lonadas de tamo de fríjol; 4 lonadas de material vegetal variado; 4kg. De cal dolomita y 2kg. De ceniza.

Antonio: 3 bultos de gallinaza seca; ½ bulto de gallinaza seca; 2 bultos de caprinaza; 12 lonadas de hoja de roble; 4 lonadas de forraje; 10kg. De calfos; 4kg. De fosforita; 6kg. De ceniza; 2kg. De cal dolomita.

El taller de abono orgánico resalta la fácil y rápida descomposición de la materia orgánica ayudado por la utilización microorganismos descomponedores benéficos (EM), los cuales aceleran el proceso de fragmentación de la materia orgánica, con ayuda de factores como el oxígeno. Una vez todos los elementos han sido apilados en capas, cada una de ellas espolvoreadas con EM, se deja reposar. Las bacterias son las encargadas de transformar el contenido de la pila en humus orgánico.

La plantación de vegetales y hortalizas sobre este humus es una garantía para poder disponer de todos los elementos mayores y menores que precisan las plantas para su desarrollo y crecimiento. A su vez, el humus mejora el drenaje, la estructura y la permeabilidad del suelo, convirtiéndolo en un soporte básico para la agricultura orgánica.